Neurodiversidad: un nutriente necesario en nuestra comunidad.

  • Entrada publicada:17 agosto, 2022
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El término neurodiversidad no sólo se refiere a la realidad biológica que describen las infinitas variaciones del funcionamiento neurocognitivo que existen en nuestra especie. Tampoco es sólo un movimiento social, una creencia, ni una perspectiva, sino que es la suma de todas esas cosas; es la aceptación social de la diversidad neurobiológica. En los últimos años, este concepto ha establecido todo un cambio de paradigma respecto de la discapacidad, haciendo hincapié en lo necesario y nutritivo de una comunidad social heterogénea. Así como la biodiversidad es esencial para la estabilidad del ecosistema, la neurodiversidad es esencial para la estabilidad cultural (Singer, J. 2016. Neurodiversity: The birth of an idea).

Recientemente se ha publicado en una edición especial de la revista Human Development un artículo en el que los autores:

1) Apuestan por este concepto, que específicamente se aplica a individuos neurodivergentes, personas que son neurológicamente atípicas de una manera que está asociada con la discapacidad.

2) Proponen que los diferentes enfoques que se le da a la neurodiversidad sean una fuente de diálogo y de aprendizaje.

Durante mucho tiempo, las investigaciones relacionadas con el desarrollo atípico han sido llevadas a cabo en el marco del modelo médico, en el cual la respuesta a la discapacidad era esforzarse por transformar a las personas discapacitadas en personas sanas y con un desarrollo típico (algo que no suele ser posible). En muchos casos esto se ha traducido en intentos de la persona neurodiversa de “camuflar” su condición, lo que ha sido asociado con agotamiento, ansiedad, depresión y estrés.

Por su parte, el modelo social sólido de la discapacidad la entiende como un producto de las barreras impuestas por la sociedad, rechazando las intervenciones que tratan de cambiar las habilidades de las personas discapacitadas. Llevado al extremo, un modelo centrado únicamente en la sociedad, que descarta la relevancia de las características individuales y los intentos de enseñarles a las personas habilidades para mejorar los desafíos relacionados con su discapacidad parece tener una utilidad práctica limitada.

Según proponen los autores, un punto de encuentro entre estos dos modelos, más práctico y menos controvertido, es el de la neurodiversidad. Así, la “discapacidad” que produce la sociedad coexistirá con las restricciones que surgen directamente de la particularidad individual. A nivel teórico, explican, la discapacidad podría conceptualizarse como el producto de una interacción entre las características propias de un individuo y su entorno; pero, en la práctica, puede resultar difícil separar los desafíos relacionados con las limitaciones funcionales individuales de los que se deben a las barreras sociales o a la discriminación.

Hay varios escenarios en los que se pueden ejemplificar el modo en que tanto las condiciones del entorno como las del individuo contribuyen a la discapacidad. Así, la hipersensibilidad al ruido refleja una característica neurobiológica de los circuitos sensoriales, pero ésta se ve intensificada cuando el ambiente expone a esa persona a ciertos tipos de ruidos. Entonces, será la intervención (o la suma de intervenciones) que mejore la calidad de vida del paciente la que se tendrá que llevar a cabo, ya sea a nivel individual o actuando sobre el entorno del mismo, o bien, y muy probablemente sea el caso, interviniendo desde ambos enfoques. Eso sí, siempre procurando que el paciente sea partícipe y opine sobre sus preferencias respecto de estas posibles intervenciones, ya que no hay que olvidar que él es el protagonista, el sujeto de derecho.

Si bien inicialmente el término neurodiverso se comenzó a aplicar a las personas con autismo, enseguida se extendió a otros tipos de condiciones o trastornos del desarrollo o del aprendizaje como TDAH, dislexia, dispraxia o discapacidad intelectual. ¿Cuál es el objetivo de centrar este término en las personas con discapacidad cognitiva? ¿Significa que el término discapacidad no debe ser utilizado? No necesariamente. La palabra neurodiversidad tiene en sí misma implicaciones ideológicas. Su uso implica rechazar la idea de prevención, cura o recuperación, y ayuda a aceptar la subjetividad de cada individuo, y la construcción de una nueva comunidad más flexible, en la que se reconozcan los desafíos que resultan de la combinación de las dificultades biológicas y la discapacidad causada por los límites del entorno. Mientras que el término discapacidad marca las diferencias, el de neurodiversidad aprecia la heterogeneidad social.

En conclusión, un enfoque óptimo de la neurodiversidad requiere de la valoración del individuo discapacitado y el uso de un lenguaje respetuoso para describirlo. Incluso si el niño o adulto con discapacidad va a tener acceso a intervenciones que podrían tener como objetivo enseñarle nuevas habilidades, éste no debe sentirse deficiente, sino que debe ser aceptado e incluido como uno más. Por supuesto, sus fortalezas deben reconocerse junto con sus áreas de desafío. Por ejemplo, un estudio reciente (Hu et al., 2020. Right temporoparietal junction underlies avoidance of moral transgression in autism spectrum disorder), encontró que cuando los participantes creían que sus acciones no eran observadas por otros, los individuos autistas mostraban un comportamiento éticamente más apropiado que las personas neurotípicas, demostrando claramente que no siempre el comportamiento de las personas neurodiversas es el patológico o inadecuado.

Por tanto, mientras que un enfoque excesivo en las áreas de debilidad y lucha del niño o adulto neurodiverso no será nunca propicio para su autoestima, una mayor atención a sus áreas de fortaleza y habilidades podría contribuir con las personas neurodivergentes para desarrollar un sentido de autoeficacia que los ayudaría a tener éxito en su vida académica, personal y laboral.

Cita: Dwyer P. (2022). The Neurodiversity Approach(es): What Are They and What Do They Mean for Researchers? Human Development, 66, 73-92. https://doi.org/10.1159/000523723

Autora: Dra. Ana Sanz Blanco

  • Investigadora del CONICET. Instituto de Investigaciones Farmacológicas (ININFA) de la Facultad de Farmacia y Bioquímica, Universidad de Buenos Aires.
  • Doctora en Fisiología, Instituto de Biología y Genética Molecular, Facultad de Medicina, Universidad de Valladolid.
  • Máster en Química Experimental y Laboratorios, Facultad de Ciencias, Departamento de Química Inorgánica, Universidad de Valladolid.
  • Licenciada en Ciencias Químicas, Facultad de Ciencias, Universidad de Valladolid.
  • Autora y coatora de más de 20 publicaciones científicas en el campo de las enfermedades Neurodegenerativas.

Esta entrada tiene un comentario

  1. Mayra Pacheco

    Excelente información, estoy de acuerdo en que debemos reconocer las fortalezas en los niños y niñas. como dijo Einstein “Todos somos unos genios. Pero si juzgas a un pez por su habilidad para escalar un árbol, vivirá su vida entera creyendo que es inútil”.
    que de interesante habría si todos fuéramos iguales. Gracias por tan valiosa información.

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